Alors, gente, ya ha pasado una semana y tengo un rato antes de poner cara de suficiencia, calarme la boina y el jersey a rayas y encaminarme a la quesería más próxima con mi barra de pan debajo del brazo.
Vivo en Orsay, en a media hora de París en tren, y mi habitación cuesta 200 euros al mes.
Los estudiantes me han dicho que llevan gastados la primera semana unos 700-800 euros. No se qué demonios han hecho. Me vanaglorio de no haber ido aún de fiesta, qué susto de gente. Que yo sé que el pimer mes es el más caro, pero qué inconsciencia mental y qué agujero en el bolsillo.
Esto me recuerda que tengo conseguir la beca del CAF, pero para eso tengo que estar ya matriculada.
Y que tengo que buscar trabajo, aunque con mi francés actual...
En fin, mi zulo es pequeño, peludo y suave, pero aún con todo, confortable.
Las arañas están empezando a sentir el mordisco del l'hiver, asique si uno se descuida, puede encontrarse manos peludas correteando por ahí. La gente chilla histérica, mientras gira la cabeza hacia los lados para buscar la chancla más próxima que no lleve puesta. Es un espectáculo de ver...
Cuando llegué aquí, a menda se le rompió la maleta justo al llegar, por lo que estuvo tirando y chapurreando una mezcla de italiano mezclado con castellano antiguo, al que le imprimía un acento puramente francés al pronunciar con la boca cerrada, entrecerrar los ojos e intentar que la R le hiciera cosquillas en la garganta.
Al final llegó a la estación de tren donde la esperaban, y sin coger un solo taxi. Ni que decir tiene que se sintió orgullosa de sí misma.
Allí encontré a un francés con el que había quedado por internet dos días atrás. Parecía tímido, pero también parecía capaz de matar un toro a puñetazos, asique le cargué con la maleta. No creo que se me olvide la cara que puso cuando yo dejé la maleta en el suelo y él la cogió. Sospecho que pensaba que pesaba menos... xDDD
En fin, el ya mencionado Harina me presentó a Agnes Vannereau, la coordinadora erasmus de Paris Sud XI, que había venido a recoger a los erasmus. Es una mujer de unos 1.70m, enjuta, con bastantes verrugas en la cara. Pelo corto y gris, uñas de los pies largas y barba. Una bruja vestida de andar por casa.
Nos subimos en su coche que tenía más mierda que el palo de un gallinero, (de hecho, me sorprendió que no hubiera gallinas por allí de la cantidad de paja que había dentro), y llegué a la residencia, donde me inscribí, un poco con la ayuda de Harina, que estaba a mis órdenes (este internet es maravilloso).
Harina me subió la maleta a la habitación y me ayudó a rellenar un cuestionario del estado de la misma (lo que me recuerda que no lo he entregado aún).
Cuando entré a mi habitación me entraron ganas de hacerme monja para conseguir un cuarto más acogedor. Parecía que la habían remozado 60 años antes, un ejército de monos la había habitado durante un par de días, y luego cerrado y precintado hasta mi llegada.
Me paseé por los corchos de la residencia para conseguir contactos y comprarme una nevera, porque NO hay nevera general, y en el caso de que la hubiera, que no la hay, habría 2-3 para trescientos estudiantes que vivimos aquí.
A las 7 de la tarde tenía la cita con el que me iba a enseñar su frigo, asique me puse en modo hacer amigos, y a las 7:05 tenía neverita silenciosa de segunda mano y buena marca por 40 euros (regateada, of course).
Los amabilísimos seres que me vendieron susodicho electrodoméstico me lo transportaron a mi edificio, que se encuentra como a 200 metros y me la subieron a mi habitación. Y me invitaron a ver una película. Y dijeron que era guapa... Danger! Los eché rápido de me cuarto con el primer pretexto que encontré y me quité el disfraz de encantadora de serpientes.
Saqué todo de mi maleta y lo ordené en el armario, miré el papel del internet y aquello era un galimatías ininteligible que NO me iba a tomar el trabajo de comprender (ya encontraría a alguien que lo hiciera por mí).
Y con mis dos abrigos extendidos sobre la cama (el colchón es bueno), me resigné a dormir, ya que si me pillaba el frío iba a dormir Rita.
Y llamaron a la puerta...
"Hola, soy Nodo y hablo español. Mis amigos dicen que quizás necesitas ayuda para algo y acabo de volver de llevar a mi hermana a París... Y ahora me iba a poner con cuántica pero si necesitas algo..."
Datos en mi cabeza:
- Amigo de los gentiles señores de la nevera.
- Tiene coche.
- Tiene buena voluntad.
- Habla español.
- Estudia física.
- Modo encantador de serpientes ON!
A las 9 de la noche había cenado caliente, tenía sábanas y mantas, internet y una nevera.
Conocía al ex-presidente de la red local de las residencias de la universidad, al presidente actual y a los amigos cercanos.
Sabía donde estaban los supermercados, las estaciones y cuánto costaban los billetes.
Tenía para desayunar al día siguiente.
No estaba mal.
Al día siguiente empecé el curso de francés, en el cual me pusieron en el nivel intermedio (WTF) y hasta el viernes, el curso siguió siendo el curso. Conocí a un montón de estudiantes erasmus de la residencia que me quieren llevar por el mal camino, pero como yo ya vengo curada de vicio al haber tenido ya un año abroad estoy mucho más tranquila.
Sin embargo el vino está buenísimo. BU-E-NÍ-SI-MO. Nodo lo trae de su casa donde lo hacen tradicionalmente.
Al día siguiente fui a ver al coordinador, que estaba muy sorprendido de todo lo que había conseguido en tan poco tiempo (la verdad, he de decir con modestia que yo también lo estaba... Jajaja) y arreglé con el parte de las asignaturas. Ahora sólo me hace falta que San Casto me rellene la matrícula cuando él pueda y que el lunes me mande las tasas por fax, o escaneadas, o whatever, porque sin tasas es como el martini, que no hay fiesta.
El lunes empiezo las clases. Las primeras que tengo son de inglés, lo que me viene genial porque puedo sembrar para luego recoger, ayudando mucho a mis futuros nuevos amigos del alma franceses.
Para ir a mi facultad tengo que atravesar un bosque. Seguramente me rompa la crisma cuando llueva, porque NO es una vereda llana, sino más bien una especie de pseudo-camino de cabras por el que de vez en cuando caen ñosclos del tamaño de cabezas de niño chico. Pero en fin, es lo que hay, prefiero morir descalabrada que atropellada.
Una cosa bastante divertida es que hay flechas pintadas con spray que te quieren engañar para perderte entre la maleza, pero cosa buena ha sido saber leer mapas.
Todas las asignaturas que tengo son de geofísica o de geoquímica, quitando el inglés, que es para habituarme y hacer amigos.
Tengo un campo en inglés en Alemania, con una presentación también en inglés. Yeah.
Ayer visité París por primera vez in my life. Precioso. Inefable. Me faltan palabras para explicarlo. Y lo más extraño de todo es que... Me sentí como en casa. Como si fuera mi ciudad y la conociese desde hace muchísimo tiempo.
La he visto tantas veces pintada en mis libros favoritos que a todos los bocetos sólo les añadía colores y olores, y al descubrir cosas nuevas tenía la impresión de que ya las conocía y sólo se me habían olvidado temporalmente.
Es una ciudad para amar.
Y el idioma... Para susurrárselo al oído a alguien.
Ni que decir tiene que estáis todos invitados cuando queráis, tanto si puedo como si no, porque os dejo mi cuarto y yo me voy a hacer lo que tenga que hacer.
Y ya está... Espero que estéis todos bien...
Os veo pronto.
Athos, el Conde de la Fêre
Que ya está en París...
Oye! La verdad es que es un texto maravillosamente escrito. ¡Y me encantan los toques de humor!
RépondreSupprimerP.S.: eso de la encantadora de serpientes, ¿Lo usas a menudo, verdad?