dimanche 17 octobre 2010

Vodevíl

Y aquí estamos con la entrega semanal... No pidan ustedes demasiado, que el sueño está haciendo estragos...

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Lo primero es antes...

Varias personas han solicitado la dirección de Su Ilustre Señoría:

María Teresa Bellver Baca
Chambre 1008
Les Rives de l'Yvette
Campus d'Orsay, Bâtiment 233

91440 Bures/Yvette

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Volviendo al tema principal...

Esta semana me he dedicado a:
  1. Ir al banco.

  2. Intentar entender mi cuenta francesa y de mis dos cuentas adicionales (repateadoras de estómago) gentileza de la casa, que no puedo cerrar aún.

  3. Ver si puedo pagar el maldito seguro de la habitación de una vez.

  4. Intentar ayudar a mi amiga húngara, que se ahoga en un vaso de agua.

  5. Volver del banco.

  6. Intentar estudiar.

  7. Leer en francés.

  8. Ver manga en japonés subtitulado en inglés.

  9. Comer fideos chinos por vagancia extrema de no hacer pasta.

  10. Añorar la sobrasada.

  11. Rechazar un viaje a Estocolmo para ver a mi mamá (no hay color).


Además, he engañado a mi amiga húngara (engañar es una palabra muy dura, digamos que le he puesto los cuernos) con mi amigo griego y me he ido al teatro con él.

Esto es porque de vez en cuando necesito descansar... Y no viene mal un respiro de índole cultural, y entiéndase índole cultural cualquier cosa que no tenga que ver con "perder" el soberano time en ver tiendas, ver mercadillos y probar maquillajes y cremas. El geólogo que hay dentro de mí se comenzaba a mostrar un tanto irritado ya que, y citando textualmente al Sr. Tijuana, para femineidad, ya tengo mi juego de té.

Esta mujel es la típica rubia americana (versión morena y húngara, entiéndase) amante del color rosa chicle, los brillos, las uñas de porcelana, la lucida handwriting, las colonias y las cosas "chic". De hecho tiene un bolso brilloso gigante que reza "So Chic".

Así, como todo lo que llevamos nos parece mutuamente terriblemente espantoso, no nos peleamos y nos llevamos bien.

Quiero decir, quitando que me ha metido en un pequeño marrón con el coordinador diciendo que tengo un problema cuando lo tiene ella para que él me lo resuelva a mí... Nos llevamos bien.

Ahora tengo que ponerme el disfraz de encantadora de serpientes y dejar mi imagen limpia a base de mano izquierda.

Cría cuervos.

Mi amiga tudesca me debe dinero. ¿Porqué no puede ser la gente formal con el dinero? No me gusta ir a pedirlo, no es asunto especialmente honroso que digamos, pero no está el horno para bollos... Pasaré un día más afilando mi guadaña, y si no me lo da motu proprio, iré a rascarle su linda espalda.

Cría cuervos.

En fin, fui al teatro con el señor Rastapopoulos
, el cual se durmió, pero yo me lo pasé muy bien. Y para encontrar los asientos no tuve ni que sacar mi varilla de zahorí.

Al principio estábamos sentados en nuestros sillones del gallinero izquierdo (por once euros, qué queréis), pero la vista superior era tan disruptiva... Desde ese sitio teníamos mal ángulo para el escenario, sin embargo uno tenía a tiro de escupitajo a media sala... Y una perspectiva divina del
emparrado de los actores y del generoso escote de las actrices.

Cuando nos cambiamos de sitio, nos enteramos mucho mejor de la trama. Los actores no tenían ni un pelo de tontos, ni tampoco pelos en la lengua, y la situación se salvaba siembre por los pelos (toquecillos leves del Deux ex machina).

Tuvieron una pelea (y todo el mundo sabe que en peleas, ni hablar del peluquín) por buscarle al burro negro el pelo blanco... Pero luego, pelillos a la mar, turpiter atrum fraterno, se toman un poco el pelo, se abrazan y más amigos que burros...

Uno comprende entonces el porqué del emparrado.

Bueeeeno... Y ocurrió todo como les hemos contado. Ahora que he ido al teatro, todos quieren ir. Habrán de ser llevados cual tierno rebaño de ovejiglias.

Haremos un esfuerzo para ir a la ópera, donde se pasean las personas delicadas, de dedos ensortijados,
tacones rojos y modales afectados. Oh, cómo adoro flotar sobre alfombras escarlatosas de cuando en vez... Rompiendo esquemas y monóculos, viendo agitar furiosamente nacarados abanicos... sobre femeninos rostros, que enmarcan con sus empolvados cabellos un sinfín de disimuladas muecas de desdén...

Besos y pechugazos...

Haciendo mutis por el foro,

De la Fêre.

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