mardi 5 octobre 2010

Porque yo lo valgo

Queridos todos...
Perdón por la espera. He estado una semana de campo de geofísica en Alemania, sin acceso a internet, i.e. en medio de un bosque en la región de Vogelsberg, paraíso de las salchichas.

El rasgo más destacable de la semana anterior (quitando el haberme comido un maravilloso bote de salsa picante húngara a cucharadas), fue... LA FIESTA:

La historia es la siguiente, uno de mis compañeros de geología me invitó a una fiesta y yo le pregunté si podía traerme a unos amiguillos.. Me dijo que sí.
Ergo, me planté en su casa con 18 personas.
Había siete franceses y casi 20 erasmus, no cabíamos en ninguna parte... Como ya sospechaba yo que eso iba a pasar, hice como que se me encendía la bombilla y les dije que nos fuéramos a un claro de bosque a armar la fiesta allí. (Nota: Orsay y Bures están rodeados de bosque).
Al principio me miraron con ojos de huevo tibio, pero después maduraron la idea y vieron que era buena. Yo engañé a los erasmus y los encaminé al bosque. Durante todo el camino rezongaron, se quejaron, y se acordaron de mi mamá, pero después, una vez llegados al claro desde el cual se veía un panorama precioso, empezaron a recoger velas...

Nos lo pasamos muy bien, alguien había traído un par de guitarras y una armónica (yuju!), dos cajas grandes de cerveza y algunas botellas espirituosas, que no espirituales (que también, pero no fue este caso). El claro se situaba sobre un viaducto abandonado de hormigón blanco, y había luna llena, por lo que se veía perfectamente. Estuvimos cantando, tocando, bailando valses tarareados, haciendo esgrima con espadas de cartón de cerveza y jugando a los pechugazos. Esto se merece un párrafo aparte...

El juego de los pechugazos consiste en correr y darte un golpe pectoral (o torsil, al gusto del consumidor) con otra persona que corre en tu misma dirección pero en sentido contrario.
Lo estábamos haciendo entre los erasmus... Hasta que los franceses decidieron integrarse en el juego.
A los españoles nos salieron los cuernos rápidamente. Pusimos una sonrisa de oreja a oreja y elegimos a un campeón: Álvaro, el vasco.
Álvaro es un tío de 1.90 de alto y poderosas espaldas. No te das cuenta a primera vista de lo DENSO que puede llegar a ser...
Para enseñar al francés se hizo un minipechugazo de prueba. Cuando parecía que ya había entendido el mecanismo de saltar y pechugar, empezó la justa bajo a sardónica sonrisa de todos los que ya conocíamos a Álvaro.
Empezaron a correr, saltaron y... Paf, el francés salió volando dos metros, cayó de culo, dió una voltereta hacia atrás de la inercia del golpe y se quedó de pie, empolvado y con la mandíbula caída mientras los erasmus nos ahogábamos de risa e intentábamos poner cara de circunstancias.
Un momento épico señores...

Y volvemos a Alemania.
Hemos estado utilizando aparatos geofísicos para captar datos y construir modelos a ordenador.
Esta que ni viste ni calza porque está todavía en la cama, ha aprendido a hacer análisis, batimétricos, electromagnéticos, eléctricos, sísmicos, y a utilizar un gps. Este último consistía en un palo de 2.5m con un platillo volante en la parte superior. Era capaz de captar todos los satélites rusos y americanos que pasasen por encima en ese momento.
Mi favorito es el gravímetro. ¡Tiene una precisión de 10^-9 siendo un aparato portable!

Un rasgo destacable del viaje son los peluches. Yo jamás he visto que en ningún campamento en España o Reino Unido, nadie se lleve peluches para dormir. Pues bien, los franceses lo hacen, y les dan besos. En mi habitación era la única sin peluche, y me miraban mal... Y pusieron el grito en el cielo cuando me encamiré a la ducha con chanclas.
Están locos estos franceses.

Tous les jours nos proveían en el albergue de bocadillos para comer.
Para cenar sí cenábamos caliente... Fornidas alemanas de hercúleos brazos transportaban las viandas de aquí para allá, mientras la valquiria mayor removía, con brío, un puré parecido al alquitrán.
Nos comimos el puré sin rechistar para alejar nuestros cráneos del calvados...

El último día consistió en preparar una presentación en inglés. Tres personas de cada grupo debían representar a cada una de las universidades allí presentes, a saber, Edimburgo, Munich y París Sud XI.
Éramos doce en nuestro grupo, y como a los franceses se les pusieron las tripas por corbata, es fácil adivinar quién representó a París.
Et voilà, sísmica de refracción al canto, me dieron mis modelos y tres horas de tiempo, asique me puse a ello y me salió algo que no estaba nada mal.
Pero...
Cinco minutos antes...
Le dije a un compañero que la revisara y cuál fue mi sorpresa... Pues me informó de que los modelos que me habían dado eran erróneos.
¡Chan, chan! (ya decía yo que los números eran raros...)
Me explicó lo que estaba mal y allí salí yo, la primera de todos, y de todos los grupos, porque el mío era el 1-2.
Una vocecita en mi cabeza me dijo... "Teresita, ya estamos en las arenas, la mitad de los modelos están mal, pero tienes mucho encanto", asique me dediqué romper el hielo con bromas cínicas sobre mi fuerte acento francés, y a corregir mis diapos sobre la marcha.
Cuando terminé, me aplaudí a mi misma mientras la sala me miraba con arrobo... Y todo el mundo me siguió.
(Es en esos momentos en los que una podría decir aquello de "modesto, baja, que subo yoooo".)

Hubo una fiesta esa noche, que fue la última.
Los profesores nos proveyeron de salchichas, carne y mazorcas de maíz, asique plantamos una barbacoa en el jardín.

Y bueno, allí cenamos. LLegué tarde, para que no me cargaran con el muerto de cocinar. Ya estoy vieja para eso...
Cuando hay comida por enmedio, la gente se vuelve poco razonable, asique me peleé por un par de salchichas y un par de mazorcas de maíz, y me pillé un par de cervezas alemanas que hicieron aflorar mi socarronería natural...
Me senté en un banco al lado del fuego, ya que hacía un frescor sin igual... Y cuando me quise dar cuenta, todos los profesores menos uno, estaban sentados a mi lado. Y además, lo habían hecho a propósito. Todos se acordaban de mi presentación. Me encontraba apretujada entre un alemán y un británico, primos de zumosol cum laude, que me ofrecían whiskey de su vaso, y estaba espalda con espalda con mi coordinador en Francia, que estaba pegando oreja a todo lo que decía. Se tocaron todos los tópicos, empezando por mi historia desde casi que nací, por mis pintas de española típica, pasando por las cuestiones obscuras sobre la legalidad de mi segunda erasmus (lo cual les parecía divertidísimo) y lo que pensaba hacer al acabar.
También hubo momentos filosófico morales, los alemanes son muy dados a ello (Fausto hizo mucho daño...)

Y ya está, hice un par de ataques encanto, un compañero me dejó la chaqueta, (comentario del coordinador: "cómo te miman, ehhh?") y me fui a dormir (escapé) después de entonar un "Para bailar la bamba" que me salió divinamente templado por cierto.

A la mañana siguiente me monté con mis amigos en el minibus del coordinador, y nos fuimos para París. Me llevo bien con él y debe de tenerme cierto aprecio porque soy a la única a la que le da collejas.

Un compañero escocés corrió hasta mi habitación mientras empacaba mi equipaje, para darme su correo electrónico. Buen chaval, me hizo un dibujo un par de días atrás... Claro, que en el dibujo me comparaba con una llama... (Léase, llama de la de escupir, no de la de arder).

Cuando llegué a Orsay una galante compañera se ofreció a llevarme en coche a mi residencia, y por no herir sus sentimientos, acepté. Lo sé, lo sé, a veces soy demasiado magnánima.
Cuando llegué a mi cuarto me derramé en mi cama.
...
Un segundo,
...
dos segundos,
...
tres segundos,

toc, toc, TOC, TOC TOCTOCTOCTOC...

No me lo puedo creer...

¡¡¡QUÉEEEEEEEE!!!
"Tere, I know you are there, let's go to Paris, is the white night and all the museums are open all night!"
Asique Tere gruñó, se duchó y se fue a París... Volviendo en el último metro porque ya le fallaban las piernas. En realidad, lo más remarcable de la noche fue la marabunta de gente que había en la calle... Y mi incapacidad para comprender ciertas expresiones del arte moderno.
Y hasta ahora mesmo he estado durmiendo, ahora comeré pasta, pondré una lavadora y me tranquilizaré hasta que sea la hora de socializarse...

Besos, abrazos y cariños variados...

El Conde de la Fêre

P.S. Lo que veáis aquí escrito no lo hagáis en vuestras casas niños, contiene piezas pequeñas y os podríais ahogar.

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