lundi 25 octobre 2010

Luciérnagas

Esta semana me he dedicado a saltar de flor en flor con mi máscara veneciana puesta.
Y a echar de menos mi armónica.

La huelga me ha permitido perder el tiempo, dado que no había clase lunes y martes.
Perder el tiempo me irrita profundamente aunque a veces no lo parezca.
También me he hecho, por fin, la tarjeta Imagine-r, que es como la Oyster de Londres, pero en París.
I.e. un bono de transporte que sustrae de mi banco una cantidad fija mensualmente, permitiéndome un rango de movimiento discreto a la par que holgado. Y si no se ha de comprar, se roba, como dicen por aquí.

Fui a las clases, algunas, aburridísimas. Me dormí unos tres cuartos de hora en Grands Défis, y me desperté porque se me cayó la cabeza de la mano. Estaba en primera fila... Pero la que estaba a mi derecha roncaba mucho, y muy fuerte, asique no me sentí demasiado avergonzada...

Y me compré el vuelo a España. Se hace saber que llego el 18 de diciembre y me voy el 4 de enero, si Dios quiere.

Además, también he recibido un par de paquetes que me han encantado y que no me canso de agrader...
Entre otras cosas, ahora tengo una espada templaria en mi pared y una fotografía enmarcada en mi mesa.

El sábado me fui con el griego a merodear por París. Fuimos momentáneamente al Marché aux Puces, para darnos cuenta de que ya habíamos estado ambos dos, y de ahí huimos a Les Halles, porque necesitaba él hacer unas compras, y yo, porque Les Halles siempre es un buen sitio para perderse.
Nota del editor: Les Halles es un complejo comercial gigantesco que alberga de todo lo imaginable, cubriendo un amplio rango de cosas necesarias... y otras fruslerías. En los años 60 destruyeron el antiguo mercado (precioso) y construyeron el espacioso complejo moderno actual.

En fin, allí pasamos la tarde, yo escaneando moda y preguntándome porqué no había nacido con un gusto más económico, y Rastapopoulos buscando unos zapatos y un abrigo.

Para que se hagan ustedes una idea, mi amigo el griego es apodado "el banquero" en su universidad. Viste siempre de negro, con camisa abrochada hasta el último botón (pero sin corbata), pantalones negros, zapatos de velcro (horror) negros y chaqueta (mas bien levita mortadelesca) negra. Ah, y maletín de tejido sintético (¿Nilón?) negro.
De piel cetrina, peinado a lo Beetle y balanceantes movimientos, el señor Rastapopoulos.
Aficionado a la poesía y a insultar la inteligencia ajena, pero en el fondo es un buen tío.

En fin, le ayudé a encontrar un abrigo que le daba un aire de un joven Severus Snape y unos zapatos de cordones (por fin...) y se dejó pegados allí la friolera de 230€. Y pensar que yo me había comprado una camiseta por 13 y me sentía culpable...

Había unos zapatos preciosos de piel, pero no sé... si son lo suficientemente prácticos como para que valgan 70 euros... Y en cuestión de calzado para todos los días, prima el pragmatismo.
Esperemos la opinión de mamá, que llega el jueves.

Después de esa tarde, fuimos a un concierto de música romántica rusa, en el cual una orquesta bastante completa, arpa y celesta incluida, entretenía al personal, y un joven pianista nos deleitaba con filigranas variadas.
Obviamente, compramos los asientos de cinco euros y nos sentamos en los de 25.

El teatro de los Campos Elíseos, que es donde tuvo lugar el concierto, es bastante bonito, sin embargo, los sillones gallineriles podrían ser más cómodos, y las barandillas podrían no estar a la altura de los ojos (que ya se que yo soy bajita, pero estaban dispuestas para que, tuvieras la altura que tuvieses, te obstaculizaran la visión parte de la orquesta) (a no ser que midieses 1.30m o 2.20m). Los frescos del techo también dejaban un poco que desear, pero eso ya entra dentro de los gustos de cada uno...
Hubiese querido haber ido a "Las mujeres Sabias", pero tengo la esperanza de que Moliére, al ser Francés, será uterativo en los teatros de la villa.

El domingo... Me desperté, intenté estudiar un poco y me fui a visitar París yo sola. Me di un paseo por mi favorita orilla izquierda y parte de las islas, y descubrí en la Rue du Petit Pont, perpendicular a La Huchette, sitios para comer por menos de tres euros, bebida inclusive... Y un parque con bancos donde sentarse a disfrutar del bocata/crêpe en cuestión. También descubrí felizmente el único baño gratis que tiene que haber en París... Se encuentra en el Metro de Le Châtelet, enfrente del teatro homónimo, y tiene hasta papel higiénico. Qué gozada oye.


Intenté visitar la sacristía de la iglesia de Saint Étienne du Mont, cuya primera piedra se puso en el S. VI, pero sólo pude ver parte... La monja me dijo que la puerta del fondo estaba abierta, y que podía pasar, pero el caso es que era yo la única que estaba forcejeando y haciendo bastante ruido con el picaporte. Después me asomé a otra de las puertas, pero parecía un área privada, y ya estaba todo el mundo mirándome con curiosidad y apuntándome con el dedo... Asique le dije a la hermana que ya volvería otro día, y que muy bonitas las cristaleras y los frescos...

En esa iglesia está la cripta donde estuvo enterrada Santa Genoveva, patrona de París, y un dedo de la susodicha dentro de una recargada urna.
La santa fue muy apreciada en sus tiempos por haber alejado a Atila el Huno de la ciudad. El cofre de bronce donde se encuentra me recuerda a la cabecera de la cama de mis padres.
En ese momento me llamó mi Señora Madre quien tenía un espectáculo montado en casa y quien aún no dominaba por completo su nuevo teléfono táctil (el mío es en blanco y negro). Había una mélange de gente bastante dispar, con amigos suyos, amigos míos, abuelas y tíos abuelos.
Tuve que salir escopeteada de la iglesia con cara de circunstancias. Porqué tendré que ser siempre yo la que se encuentra en el centro de todo escándalo...

En la plaza del Panteón, había un montón de niños construyendo cosas parecidas a lo que adiviné como la pirámide del Louvre. Los materiales eran varillas, pajitas de beber, abrazaderas de plástico y cáncamos. Qué cosas. Yo a esas edades hacía lanzas, arcos y flechas. Buscaba madera de fresno y boj verde porque eran más flexibles, y construía casitas en los árboles. Leía Capitanes Truenos y Guerreros del Antifaz, e incluso sabía diferenciar entre una cimitarra y un alfanje... ¿Qué le está pasando a la juventud de hoy en día? Ahora son niños esterilizados y vestidos de rosa, envueltos en batista cual pequeñas coliflores.

Señores, eduquen bien a sus hijos, déjenlos ensuciarse, apáguenles la televisión y las videoconsolas y llévenlos al campo. Regálenles una navaja multiusos o un juego de química en vez de el monstruo de plástico de moda, y por Dios y por la Virgen... Inclínenlos hacia la lectura.

Volviendo al tema en cuestión (que una se sulfura cuando piensa en las nuevas generaciones), pasé por una de las sucursales de la famosa y muy interesante Shakespeare (léase chéspir) and Company, (véase James Joyce, Ulises), porque las librerías son sitio señalado para cualquier turista que se precie, aunque sea sólo por el olor.
Me fui dando un paseo hasta el Odéon desde St. André des Arts, pasando por ese callejón "secreto" cubierto, donde se encuentran dos de mis locales favoritos, uno, un café con encanto, otro, una papelería especializada en artículos de calidad (tintas, plumas, lacres, cueros).

En mi paseo por la quai de Montebello encontré otro café tranquilo y, aunque céntrico, apartado del bullicio. En él, había sentada una persona de poblado mostacho, recortado tal que podría haberse llamado perfectamente Miguel Strogoff. No me hubiese extrañado nada verle en su cinturón un cuchillo de matar osos.

Y ya estaba cansada, asique me volví a casa. Sospecho que paso demasiado tiempo sentada en la cama y me estoy fastidiando la espalda. Creo que va llegando la hora, o de cambiar de hábitos, o de adquirir un zafu que me mantenga erguida.

Me voy a comer señores, que ya es tardísimo para mí y con una rueda no anda el carro.

Besos y pechugazos,

A

dimanche 17 octobre 2010

Vodevíl

Y aquí estamos con la entrega semanal... No pidan ustedes demasiado, que el sueño está haciendo estragos...

------------------------------------------------------------

Lo primero es antes...

Varias personas han solicitado la dirección de Su Ilustre Señoría:

María Teresa Bellver Baca
Chambre 1008
Les Rives de l'Yvette
Campus d'Orsay, Bâtiment 233

91440 Bures/Yvette

-------------------------------------------------------------


Volviendo al tema principal...

Esta semana me he dedicado a:
  1. Ir al banco.

  2. Intentar entender mi cuenta francesa y de mis dos cuentas adicionales (repateadoras de estómago) gentileza de la casa, que no puedo cerrar aún.

  3. Ver si puedo pagar el maldito seguro de la habitación de una vez.

  4. Intentar ayudar a mi amiga húngara, que se ahoga en un vaso de agua.

  5. Volver del banco.

  6. Intentar estudiar.

  7. Leer en francés.

  8. Ver manga en japonés subtitulado en inglés.

  9. Comer fideos chinos por vagancia extrema de no hacer pasta.

  10. Añorar la sobrasada.

  11. Rechazar un viaje a Estocolmo para ver a mi mamá (no hay color).


Además, he engañado a mi amiga húngara (engañar es una palabra muy dura, digamos que le he puesto los cuernos) con mi amigo griego y me he ido al teatro con él.

Esto es porque de vez en cuando necesito descansar... Y no viene mal un respiro de índole cultural, y entiéndase índole cultural cualquier cosa que no tenga que ver con "perder" el soberano time en ver tiendas, ver mercadillos y probar maquillajes y cremas. El geólogo que hay dentro de mí se comenzaba a mostrar un tanto irritado ya que, y citando textualmente al Sr. Tijuana, para femineidad, ya tengo mi juego de té.

Esta mujel es la típica rubia americana (versión morena y húngara, entiéndase) amante del color rosa chicle, los brillos, las uñas de porcelana, la lucida handwriting, las colonias y las cosas "chic". De hecho tiene un bolso brilloso gigante que reza "So Chic".

Así, como todo lo que llevamos nos parece mutuamente terriblemente espantoso, no nos peleamos y nos llevamos bien.

Quiero decir, quitando que me ha metido en un pequeño marrón con el coordinador diciendo que tengo un problema cuando lo tiene ella para que él me lo resuelva a mí... Nos llevamos bien.

Ahora tengo que ponerme el disfraz de encantadora de serpientes y dejar mi imagen limpia a base de mano izquierda.

Cría cuervos.

Mi amiga tudesca me debe dinero. ¿Porqué no puede ser la gente formal con el dinero? No me gusta ir a pedirlo, no es asunto especialmente honroso que digamos, pero no está el horno para bollos... Pasaré un día más afilando mi guadaña, y si no me lo da motu proprio, iré a rascarle su linda espalda.

Cría cuervos.

En fin, fui al teatro con el señor Rastapopoulos
, el cual se durmió, pero yo me lo pasé muy bien. Y para encontrar los asientos no tuve ni que sacar mi varilla de zahorí.

Al principio estábamos sentados en nuestros sillones del gallinero izquierdo (por once euros, qué queréis), pero la vista superior era tan disruptiva... Desde ese sitio teníamos mal ángulo para el escenario, sin embargo uno tenía a tiro de escupitajo a media sala... Y una perspectiva divina del
emparrado de los actores y del generoso escote de las actrices.

Cuando nos cambiamos de sitio, nos enteramos mucho mejor de la trama. Los actores no tenían ni un pelo de tontos, ni tampoco pelos en la lengua, y la situación se salvaba siembre por los pelos (toquecillos leves del Deux ex machina).

Tuvieron una pelea (y todo el mundo sabe que en peleas, ni hablar del peluquín) por buscarle al burro negro el pelo blanco... Pero luego, pelillos a la mar, turpiter atrum fraterno, se toman un poco el pelo, se abrazan y más amigos que burros...

Uno comprende entonces el porqué del emparrado.

Bueeeeno... Y ocurrió todo como les hemos contado. Ahora que he ido al teatro, todos quieren ir. Habrán de ser llevados cual tierno rebaño de ovejiglias.

Haremos un esfuerzo para ir a la ópera, donde se pasean las personas delicadas, de dedos ensortijados,
tacones rojos y modales afectados. Oh, cómo adoro flotar sobre alfombras escarlatosas de cuando en vez... Rompiendo esquemas y monóculos, viendo agitar furiosamente nacarados abanicos... sobre femeninos rostros, que enmarcan con sus empolvados cabellos un sinfín de disimuladas muecas de desdén...

Besos y pechugazos...

Haciendo mutis por el foro,

De la Fêre.

mardi 12 octobre 2010

A fe que me bato porque me bato

Aquí el Conde de la Fêre en directo desde la Isla de Francia...

Yo sigo en la cama porque hay huelga... Indefinida. No piensen mal ustedes, no es cierto que a los franceses no les gusta trabajar. Es un cliché...

Esta semana ha sido agitada... He tenido un examen de geofísica, me he enganchado a un manga de lucha japonés, y he visitado Luxemburgo y Bruselas. Preciosos, alquilamos dos minibuses y nos fuimos para allá dieciocho erasmus.
El examen no me salió mal del todo, eso sí, lo comencé en francés y lo terminé en inglés. Menos mal que no cuenta. Qué vergüenza... Pero me hubiese dado mucha más no presentarme... La rusa malafollá no fue. Me alegro secretamente... (Nota, la rusa malafollá es la otra erasmus de geología. Es rusa. Y malafollá.)

Salimos el viernes por la tarde y volvimos el domingo por la noche.
Ambas ciudades son muy bonitas, suficiente para pasar una erasmus allí, habrá que añadirlas a la cola de Bremen.

El viernes por la noche llegamos al hotel. Nuestra habitación olía a tabaco reconcentrado, tanto que tuvimos que tapar las almohadas con las toallas para poder dormir sin asfixiarnos. Si las respirábamos, sentíamos el aroma del cáncer acariciar nuestros pulmones y pasar a nuestro torrente sanguíneo por ósmosis.
El baño estaba partido en dos. El váter estaba en una minihabitación en la cual yo (que soy pequeña, peluda y suave) me rozaba las rodillas con la puerta. Y no tenía ventilación ninguna, aquello parecía una versión reconcentrada de las cámaras de gas de Auschwitz. Además, el papel era tan fino, que casi tenías que utilizar un rollo entero para que no se te desintegrara al utilizarlo. Maldigo la mente calenturienta que diseñó aquello.
La ducha, señores, la ducha era una habitación del mismo tamaño que el cuartillo del váter. Hasta ahí bien. Lo malo es que... Uno comparte habitación, asique tiene que irse en bolas o cambiarse dentro y luego darle una patada a las vestimentas proprias... ¡Y la toalla luego cómo la coges, si está fuera y tienes que abrir! Lo más curioso es que la puerta de cristal esmerilado tiene dos ventanitas transparentes, seguramente para que puedas saludar a tus amigos mientras te duchas, para no se sientan solos. Qué tiernos los hoteleros, están en todo. Además, estoy segura de que el agujero de ocho centímetros que sirve como asa de la puerta es para que, además de verte, te puedan oír. ¿Estuvieron atentos en el colegio con lo de la comunicación verbal y no verbal? Debe de tratarse de una ducha pedagógica.

En fin, me duché: preparé todo bajo las miradas de fingido desinterés de mis compañeros, me desvestí dentro y saqué mi ropa por una rendija. Metí la toalla en el agujero desde fuera, para que me resultara fácil cogerla y matar así dos pájaros de un tiro, y abrí el agua caliente a toda potencia. Al minuto siguiente, las ventanitas se habían condensado y me pude duchar sin riesgo.
Qué odisea.
Por lo menos, no pasé frío. Aunque taparse con la colcha fuese como taparse con una loncha de béicon.
Regla número uno en hoteles... Nunca te fíes si los caramelos de la recepción están malos... (Y mira que es difícil que estén malos todos los sabores...)

A la mañana siguiente nos levantamos y nos preparamos para el turismo. Éramos demasiado lentos para mi infinita paciencia, asique al final nos separamos. Puede ser que yo propiciara un poco la separación al escoger a dos compañeros más afines y uno con cámara de fotos y perdernos en un mercado. Ejem.
En mi defensa habré de decir que lo pasamos muy bien los cuatro. Vimos varios mercados, uno de ellos de antigüedades y nos hinchamos de comer en los puestos de diversos países que había por allí. Compramos unos pasteles de queso. Es la primera vez en mi vida que habría deseado que un pastel de queso tuviera menos queso.
En uno de los mercados vi el juguete de mis sueños, pero primero, ya no tengo edad, y segundo, lo puedo fabricar (aunque no tan bonito). Era un equipo de código morse, de bronce. Todavía se me ponen los ojos de bolilla al recordarlo, pero oye esque 40 euros es demasié. También había un parang, un golok y un kriss por ahí, pero se me salían ligeramente del presupuesto.
Esto me recuerda a que... Padres, me voy a apuntar a Savate, Boxeo Francés (cuesta 10 euros al semestre). ¡Paf, paf, morid, morid! ¡Bieeeeeeeeeeeen! Eso es para contrarrestar el "efecto señorita" que me está produciendo esta ciudad... Fijaos, que hasta me he comprado unas sabrinas... (*suspiro*)

En fin, continuando con el viaje, vimos una papelería gigante chulísima. No os podéis imaginar la ingente cantidad de tipos de plumillas que había allí. Sentía uno el irrefrenable deseo de sentarse de piernas cruzadas, escoger un pergamino cualquiera y ponerse a practicar la caligrafía itálica durante horas hasta haberlas probado todas. También había kits para hacer velas, sacos de arcilla de doce kilos y bolsas de mezcla de papel maché. Ah, y una girafa gigante que me hubiese querido llevar, pero no me cabe en el cuarto, y mucho menos en la mochila.
Después entramos a una tienda china para chinos (con esto quiero decir que no es un todo a cien). Me compré un bote de salsa picante que ya va por la mitad y té de jazmín. Echo de menos el té de Granada. Hum.

Volviendo al tema, llama la atención el hecho de que el río de Luxemburgo es una acequia.
No es broma, por enmedio de la ciudad, en el centro de un valle bastante escarpado, cuando te asomas... Hay una acequia de poco más de un metro de ancho. Eso sí, los puentes preciosos y altísimos, vaya a ser que la acequia se desborde y se ahoguen todos.
Luego dicen que los españoles somos exagerados.

El compañero de la cámara de fotos era el conductor de uno de los minibuses. Es una persona incapaz de estar un minuto entero en silencio, pero es buena gente.
Además, está "la otra". Hay una compañera que se llama Fresa. Fresa tiene una amiga que también se llama Fresa y que ha venido al viaje. Pues bien, la pedrada que tiene en la cabeza, no tiene nombre. Es una persona que me irrita el chackra hasta hacerme desear quemarla en efigie. No se qué hace, pero lo hace...

Conversación en el coche:

  • Fresa mala: Oye, ¿Porqué has adelantado al otro minibús?
  • Patata, el conductor: Porque no sabía si éramos nosotros u otros con otro minibús y quiero que vayamos juntos.
  • Fresa mala: ¿Pero esque no te has aprendido la matrícula?
  • Teresita: ¿Qué tal si te acuerdas tú, querida?
  • Silencio sepulcral. Quizá le haya imbuido a mis palabras un tono demasiado aterciopelado...
-------------
  • Fresa mala (aprovechando que estaba medio dormida, la muy traidora): Los que van delante deberían estar despiertos para conversar con el conductor y que no se duerma.
  • Activación del sentido arácnido Teresiano: es cierto, guapa, tienes toda la razón. Yo soy terriblemente inútil para mantenerme despierta en un coche. A la vuelta vienes tú delante.
  • Fresa mala: huy, hoy estoy cansadísima...
  • Teresita: no te preocupes, me quedaré hoy yo aquí... Así tú duermes, guapa, me refería a mañana... Al viaje de vuelta a París...
Y así dos o tres miniencuentros más. La verdad es que esa niña se merece una paliza. Si tuviésemos un accidente y nos estrellásemos en las montañas cubiertas de nieve, sería a la primera que me comiese.

En fin, Bruselas... Es precioso, y el hotel... *OH* ¡Qué diferencia! :D
Armario, minibar (pero no lo toques que es carísimo, no, no vale abrir las patatas, comérselas y rellenarlas luego de papel higiénico), escritorio, recado de escribir, tetera con chocolate, café y té para elegir, despertador, tres botecitos de jabón, champú y crema, jabón de manos, gorro de ducha, secador... Y la cama... LA CAMA. Si los dioses durmieran tendrían esa cama. Y esa bañera. Y ese sofá. Y esa tele. Y esas vistas desde el decimocuarto piso.
Habitación doble con cama supletoria, 30€ por persona. Si alguna vez vais a Bruselas, Hotel Crowne Plaza.

Salimos esa noche, fuimos a tomarnos una cerveza al mítico "Delirium Tremens", que tiene más de 2000 tipos de birras. Como me gustaban mucho las copas de cerveza, con elefantes rosas, robé un par (Ver, "No fui yo, no fui... ¡Fue el maldito cariñena, que se apoderó de mí!")
Esto me recuerda otro pequeño altercado con Fresa mala, dice así:

  • Fresa mala: tíiiiiiio... Los vasos del Delirium eran super bonitos, tenía que haberme llevado alguno...
  • Teresita: yo me llevé un par, son para dos amigos.
  • Fresa mala: pues ten cuidado a ver si te voy a robar alguno...
  • Teresita: pues ten cuidado a ver si te voy a arrancar la cabeza...
  • Silencio sepulcral. Quizá le haya dado a mis palabras un tono demasiado aterciopelado... Otra vez.
Sonrisa profident. Juego, set, partido.
¡Y la emperatriz del cinismo se alzó y aplastó a todos esos ninjas de pacotilla que intentaron lanzarle shurikens!
Que ya se yo que cuando lo cuento parezco yo la mala, pero habréis de saber que la mala es ella. Ella me pincha con minialfilerillos y yo la machaco con mi maza. Cuando se recupera, vuelve a las andadas, hay que ver, qué gente más vengativa...

En fin, en Bruselas estuvimos de aquí para allá, vimos las "sedes" de la UE, que están repartidas en distintos edificios muy modernos, la fuente del niño haciendo pipí, que está en una calle llena de chocolaterías y cervecerías, y los edificios de la Expo. El atomium es una estatua gigante de la celdilla unidad de una red cúbica centrada en el interior. Para quien no lo entienda, imaginen un cubo, en cada una de las esquinas, una bola, y otra bola en el centro. Voilà.
Es muy bonita, pero le dijimos a Fresa mala que nos sacara una foto y nos sacó a todos espantosos. Irá al infierno, seguro.
Me compré en la expo limones marroquíes. Ahora mismo los tengo entre los pepinillos y las guindillas. Creo que debería variar mi alimentación...

Volvimos a París y me compré en la gasolinera un mapa gigante de la ciudad. 5 euros.
Ahora está en mi pared, y estoy marcando mis sitios favoritos.
Oops... Acaba de venir la limpiadora que me ha dicho literalmente que como no le de mi informe de la habitación, me corta las orejas.
Así, voy a prepararlo en un santiamén.
¡Un beso fuerte a todos!
Athosssssssss ^^

mardi 5 octobre 2010

Porque yo lo valgo

Queridos todos...
Perdón por la espera. He estado una semana de campo de geofísica en Alemania, sin acceso a internet, i.e. en medio de un bosque en la región de Vogelsberg, paraíso de las salchichas.

El rasgo más destacable de la semana anterior (quitando el haberme comido un maravilloso bote de salsa picante húngara a cucharadas), fue... LA FIESTA:

La historia es la siguiente, uno de mis compañeros de geología me invitó a una fiesta y yo le pregunté si podía traerme a unos amiguillos.. Me dijo que sí.
Ergo, me planté en su casa con 18 personas.
Había siete franceses y casi 20 erasmus, no cabíamos en ninguna parte... Como ya sospechaba yo que eso iba a pasar, hice como que se me encendía la bombilla y les dije que nos fuéramos a un claro de bosque a armar la fiesta allí. (Nota: Orsay y Bures están rodeados de bosque).
Al principio me miraron con ojos de huevo tibio, pero después maduraron la idea y vieron que era buena. Yo engañé a los erasmus y los encaminé al bosque. Durante todo el camino rezongaron, se quejaron, y se acordaron de mi mamá, pero después, una vez llegados al claro desde el cual se veía un panorama precioso, empezaron a recoger velas...

Nos lo pasamos muy bien, alguien había traído un par de guitarras y una armónica (yuju!), dos cajas grandes de cerveza y algunas botellas espirituosas, que no espirituales (que también, pero no fue este caso). El claro se situaba sobre un viaducto abandonado de hormigón blanco, y había luna llena, por lo que se veía perfectamente. Estuvimos cantando, tocando, bailando valses tarareados, haciendo esgrima con espadas de cartón de cerveza y jugando a los pechugazos. Esto se merece un párrafo aparte...

El juego de los pechugazos consiste en correr y darte un golpe pectoral (o torsil, al gusto del consumidor) con otra persona que corre en tu misma dirección pero en sentido contrario.
Lo estábamos haciendo entre los erasmus... Hasta que los franceses decidieron integrarse en el juego.
A los españoles nos salieron los cuernos rápidamente. Pusimos una sonrisa de oreja a oreja y elegimos a un campeón: Álvaro, el vasco.
Álvaro es un tío de 1.90 de alto y poderosas espaldas. No te das cuenta a primera vista de lo DENSO que puede llegar a ser...
Para enseñar al francés se hizo un minipechugazo de prueba. Cuando parecía que ya había entendido el mecanismo de saltar y pechugar, empezó la justa bajo a sardónica sonrisa de todos los que ya conocíamos a Álvaro.
Empezaron a correr, saltaron y... Paf, el francés salió volando dos metros, cayó de culo, dió una voltereta hacia atrás de la inercia del golpe y se quedó de pie, empolvado y con la mandíbula caída mientras los erasmus nos ahogábamos de risa e intentábamos poner cara de circunstancias.
Un momento épico señores...

Y volvemos a Alemania.
Hemos estado utilizando aparatos geofísicos para captar datos y construir modelos a ordenador.
Esta que ni viste ni calza porque está todavía en la cama, ha aprendido a hacer análisis, batimétricos, electromagnéticos, eléctricos, sísmicos, y a utilizar un gps. Este último consistía en un palo de 2.5m con un platillo volante en la parte superior. Era capaz de captar todos los satélites rusos y americanos que pasasen por encima en ese momento.
Mi favorito es el gravímetro. ¡Tiene una precisión de 10^-9 siendo un aparato portable!

Un rasgo destacable del viaje son los peluches. Yo jamás he visto que en ningún campamento en España o Reino Unido, nadie se lleve peluches para dormir. Pues bien, los franceses lo hacen, y les dan besos. En mi habitación era la única sin peluche, y me miraban mal... Y pusieron el grito en el cielo cuando me encamiré a la ducha con chanclas.
Están locos estos franceses.

Tous les jours nos proveían en el albergue de bocadillos para comer.
Para cenar sí cenábamos caliente... Fornidas alemanas de hercúleos brazos transportaban las viandas de aquí para allá, mientras la valquiria mayor removía, con brío, un puré parecido al alquitrán.
Nos comimos el puré sin rechistar para alejar nuestros cráneos del calvados...

El último día consistió en preparar una presentación en inglés. Tres personas de cada grupo debían representar a cada una de las universidades allí presentes, a saber, Edimburgo, Munich y París Sud XI.
Éramos doce en nuestro grupo, y como a los franceses se les pusieron las tripas por corbata, es fácil adivinar quién representó a París.
Et voilà, sísmica de refracción al canto, me dieron mis modelos y tres horas de tiempo, asique me puse a ello y me salió algo que no estaba nada mal.
Pero...
Cinco minutos antes...
Le dije a un compañero que la revisara y cuál fue mi sorpresa... Pues me informó de que los modelos que me habían dado eran erróneos.
¡Chan, chan! (ya decía yo que los números eran raros...)
Me explicó lo que estaba mal y allí salí yo, la primera de todos, y de todos los grupos, porque el mío era el 1-2.
Una vocecita en mi cabeza me dijo... "Teresita, ya estamos en las arenas, la mitad de los modelos están mal, pero tienes mucho encanto", asique me dediqué romper el hielo con bromas cínicas sobre mi fuerte acento francés, y a corregir mis diapos sobre la marcha.
Cuando terminé, me aplaudí a mi misma mientras la sala me miraba con arrobo... Y todo el mundo me siguió.
(Es en esos momentos en los que una podría decir aquello de "modesto, baja, que subo yoooo".)

Hubo una fiesta esa noche, que fue la última.
Los profesores nos proveyeron de salchichas, carne y mazorcas de maíz, asique plantamos una barbacoa en el jardín.

Y bueno, allí cenamos. LLegué tarde, para que no me cargaran con el muerto de cocinar. Ya estoy vieja para eso...
Cuando hay comida por enmedio, la gente se vuelve poco razonable, asique me peleé por un par de salchichas y un par de mazorcas de maíz, y me pillé un par de cervezas alemanas que hicieron aflorar mi socarronería natural...
Me senté en un banco al lado del fuego, ya que hacía un frescor sin igual... Y cuando me quise dar cuenta, todos los profesores menos uno, estaban sentados a mi lado. Y además, lo habían hecho a propósito. Todos se acordaban de mi presentación. Me encontraba apretujada entre un alemán y un británico, primos de zumosol cum laude, que me ofrecían whiskey de su vaso, y estaba espalda con espalda con mi coordinador en Francia, que estaba pegando oreja a todo lo que decía. Se tocaron todos los tópicos, empezando por mi historia desde casi que nací, por mis pintas de española típica, pasando por las cuestiones obscuras sobre la legalidad de mi segunda erasmus (lo cual les parecía divertidísimo) y lo que pensaba hacer al acabar.
También hubo momentos filosófico morales, los alemanes son muy dados a ello (Fausto hizo mucho daño...)

Y ya está, hice un par de ataques encanto, un compañero me dejó la chaqueta, (comentario del coordinador: "cómo te miman, ehhh?") y me fui a dormir (escapé) después de entonar un "Para bailar la bamba" que me salió divinamente templado por cierto.

A la mañana siguiente me monté con mis amigos en el minibus del coordinador, y nos fuimos para París. Me llevo bien con él y debe de tenerme cierto aprecio porque soy a la única a la que le da collejas.

Un compañero escocés corrió hasta mi habitación mientras empacaba mi equipaje, para darme su correo electrónico. Buen chaval, me hizo un dibujo un par de días atrás... Claro, que en el dibujo me comparaba con una llama... (Léase, llama de la de escupir, no de la de arder).

Cuando llegué a Orsay una galante compañera se ofreció a llevarme en coche a mi residencia, y por no herir sus sentimientos, acepté. Lo sé, lo sé, a veces soy demasiado magnánima.
Cuando llegué a mi cuarto me derramé en mi cama.
...
Un segundo,
...
dos segundos,
...
tres segundos,

toc, toc, TOC, TOC TOCTOCTOCTOC...

No me lo puedo creer...

¡¡¡QUÉEEEEEEEE!!!
"Tere, I know you are there, let's go to Paris, is the white night and all the museums are open all night!"
Asique Tere gruñó, se duchó y se fue a París... Volviendo en el último metro porque ya le fallaban las piernas. En realidad, lo más remarcable de la noche fue la marabunta de gente que había en la calle... Y mi incapacidad para comprender ciertas expresiones del arte moderno.
Y hasta ahora mesmo he estado durmiendo, ahora comeré pasta, pondré una lavadora y me tranquilizaré hasta que sea la hora de socializarse...

Besos, abrazos y cariños variados...

El Conde de la Fêre

P.S. Lo que veáis aquí escrito no lo hagáis en vuestras casas niños, contiene piezas pequeñas y os podríais ahogar.

Tours y Bruselas

Y dice así...

Otra semana más.

Se me ha pasado tan rápido que ni me he dado cuenta.
Aquí estoy en mi cama, bebiéndome un té en mi taza gigante de Gales... (Sí, papá, ese "cubo gigante para remojarse los pies".) Y es contraproducente, señores, que luego cualquiera se duerme... Que este té sabrá a rayos, pero en cinco minutos se te ponen los ojos como a las brótolas...
Bah, hace frío. Me permito la licencia, ya lo sentiré después. O mañana.

Hará 4 horas escasas que volví de París. He ido a ver el ayuntamiento y el parlamento, que sólo abren una vez al año, parece ser.
Me he encontrado cosas mosqueteriles por todas partes, (¡Qué me place!) y retotollueces doradas por doquier que supuraban efluvios de lo que una vez fueron esos palacios... Suelos forrados en maderas nobles, cristaleras de bohemia cromadas con escudos heráldicos, entremezclados con los símbolos de los talleres de oficios de París, relojes de tiempos de Luis XIV (que aún funcionan), jarrones de Sèvres, vasijas rusas de tres metros... Y un boceto de AJDP, Cardenal de Richelieu, a quien he tenido el placer de reconocer con solo mirarlo. Ah, y una estatua de Colbert, que no me ha sonreído, pero porque no podía.

El Parlamento es bonito, mucho, se encuentra en el palacio de Luxemburgo, que está dentro de los jardines de Luxemburgo, muy cerca de la Calle Férou... Que te lleva a la Iglesia de St. Sulpice...
Lo único que no me ha gustado es que la madera está pintada imitando piedra. Aunque en su defensa he de decir que, por lo menos, la imita bien.

Todo muy bonito, todo muy bonito...
Hasta que he llegado a la plaza de la Bastilla.
Mi mente ya sabía que los franceses en la revolución (si, esa marabunta que sale en el cuadro de De la Croix, con esa mujer sin chales en los pechos) habían destruido la Prisión de la Bastilla, pero había decidido borrarlo. Apartarlo. Olvidarlo forever. La famosa "Toma de la Bastilla" ¿Qué es eso?
Ahora hay una tres mil veces maligna estatua de un ángel dorado sobre una columna donde antes estuvo la majestuosísima (aunque pequeña) fortaleza de ocho torres construida en la época de Carlos V.
Habrán dejado algo, dije yo, del sitio donde tuvieron al Príncipe de Condé... No. Un pequeño relicto de una de las torres, la de la Libertad, donde fue hospedado gentilmente el Marqués de Sade. Al lado del metro. Eso es todo.
Menos mal que el Castillo de If si que sigue en pie... ¡Bárbaros!
Por otra parte, quitando a ese ángel infame, la zona es bonita. Hay un montón de pubs y cafés, perfectos para una tarde de domingo con un libro debajo del brazo, o para tomarte una copa tranquilamente con tu amigo silencioso de turno. (Para el significado de "silencioso", véase, contrario a: "[...]un aragonés, antipático y zumbón que está en casa del Marqués de huésped, o de gorrón". Gentileza de Muñoz Seca.)

Que no hay que irse hasta Montmartre para disfrutar de un ambiente bohemio en un café... En realidad... Yo soy mas bien de la orilla izquierda del Sena.

Hoy... He descubierto que se pueden pasar pulverizadores antipersona por el parlamento si le sonríes al guarda para que no mire tan antentamente la pantalla.
Y que la mostaza de Dijon te puede hacer llorar a moco tendido.
Y que mi nevera tiene una rendijilla por donde se le escapa el frío (si Carnot levantara la cabeza...)

Ayer estuve en una fiesta en un barco. Nos dieron un paseo por el Sena de noche, y mientras cenábamos, vimos la Torre Eiffel iluminada y la verdadera estatua de la Libertad.
Un espectáculo:
Un barco repleto de extranjeros comiendo pasta y cous-cous, apretujados por el frío, maniobrando con cubiertos y platos de plástico, vestidos de bonito... Y todos allí, diciendo "oooooooooh" a la vez, al ver cómo encendían la Torre Eiffel.
Nos bebimos un par de botellas de champán que nos "regalaron". Y brindamos al pasar bajo los puentes.

Me voy de campo de geología. A Alemania. A algún sitio cerca de Frankfurt donde vamos a hacer prácticas de geofísica. Bon Dieu, ¡Quién me manda a mí meterme en camisas de once varas!
Tenemos que hacer una presentación oral al final del campo, pero es en inglés, en inglés... ¡Bendito inglés!

Père Lachaise. Cementerio. Precioso. Pero he visto ya tantos cementerios en Gran Bretaña que después de hora y media quería estrangular a Adrienn, mi amiga húngara, que parecía estar interesada en tomar fotos de todos los ángulos posibles de cada una de las piedras que componían cada una de las criptas.
Algunas de ellas llamaban la atención... (Cosas como "Aquí yace Fulano De La Fayette-Pérez"). Otras tenían carácteres chinos. Es la primera vez que veo la tumba de un chino. Parece ser que a los chinos ricos no los convierten en rollitos, sino que los entierran en Père Lachaise.

Encontramos un mercadillo al lado del cementerio. Me he comprado allí mi mochila de campo parisina (otra más que añadir al cupo de mochilas de campo) por diez euros. No está nada mal. Mochila quechua, de las grandes, marrón y negra (que no se le nota la mi**da). También me compré una chaqueta de pata de gallo por dos euros y una manta por un euro. Tengo que lavarlo todo muy bien, porque no se porqué me da que no son de primera mano... Claro, que de eso no se tiene porqué enterar nadie. Ah, también, otra edición de Dumas. Dos euros, pero me he sobornado la conciencia con aquello de "es por tu bien, para aprender francés" asique no me siento demasiado culpable. Además, era un bon marché...
Había cosas geniales allí, si hubiera podido me hubiese llevado el mercadillo entero. Sifones antiguos, fédoras Chanel (desafortunadamente, demasiado pequeños para mi cabeza), vasijas "etruscas", espadas árabes, y un largo etcétera de cosas curiosas en el que se incluyen ruecas, brújulas y costureros antiguos.
Adrienn y yo nos pintamos las uñas sentadas en el suelo.

Hoy, paseando cerca del Panteón me he encontrado por casualidad la casa donde vivió Diderot. Me he acordado del tratado de esgrima española que me regalaron mis padres unos años atrás.
Me dijeron "hemos estado en París". Ahora yo digo, estoy en París. Con mi blazer, con mi fular, con mi boina y con mi crêpe.
(¡Aunque lo cambiaría todo por una casaca, un chambergo y una ropera...!)
(Ah, y Vino de Anjou.)

Besos a todos...
De la Fêre

Reloj de madera y anda...

Segunda edición.

Pueblo y Senadores...
Se encuentra una sentada en su cama comiendo mermelada de higo con una cucharilla, y mordisqueando indolentemente alguna que otra rebanada de pan tostado que pasa por delante.
Como esa mezcla unida sirve para pegar ladrillos, se riega con una botella de leche... De la que por supuesto, se bebe elegantemente a morro... Y voilà, en eso consiste el merendar de aujourd'hui.

Esta semana haré una lista pequeña de algunas cosas buenas y otras malas que hay por aquí:

- Bueno: Hay un auténtico artista en la residencia que toca 5 o 6 instrumentos.
- Malo: Ese artista vive en la 1007. Yo vivo en la 1008.
- Malo: Uno de esos instrumentos es un organillo-acordeón.
- Malo: Sólo se sabe una canción con el organillo-acordeón.
- Malo: Es el único instrumento que se ha traído de su casa...
- Malo: Su amigo tiene un ukelele.
- Malo: Tanto él como su amigo, son feos, se creen que son guapos, se creen que tocan bien.

- Bueno: Había una sartén en el suelo del pasillo. He acechado pacientemente 10 minutos. Resultado: es mi segunda sartén, y esta tiene teflón (crêpes).
- Malo: No pueden vérmela mucho, por si vienen los mil veces malignos dueños y la reclaman como propia.

- Bueno: Una caída de párpados a tiempo vale más que cien pájaros en mano.
- Malo: Demasiados pájaros en mano hace a veces desear que ojalá estuviesen volando. Otras veces, uno desea que estuvieran ardiendo (gajes del oficio.)

- Bueno: Los mercadillos de París son preciosos.
- Malo: Los bolsillos de mi divina blazer "nueva" de Sueo Irié no están llenos de billetes.

- Bueno: Tengo muchos amigos.
- Malo: Mi puerta, no tiene mirilla. Mi habitación, sólo tiene una puerta.

- Bueno: Hay hombres bellos en mi clase.
- Malo: Yo se más geofísica que ellos.

- Bueno: Hay hombres bellos en mi residencia.
- Malo: También haylos no tan bellos... Esos son más insistentes.

- Bueno: La tinta de los billetes de tren se borra con un boli especial de alcohol.
- Malo: Después, se sigue borrando si escribes encima.
- Bueno: Si los lavas con mistol después de borrar la tinta, se puede pintar después.
- Malo: Me pregunto si la banda magnética sirve para algo... Y si esos espínes se podrán desorientar con un imán...
- Bueno: Los billetes para niños de menos de diez años valen la mitad. :D

Y en fin... Podríamos seguir per secula secularum, pero entonces tendría que tomarme el trabajo de pensar... Y señores, mis limitaciones... Soy rubia.

Por fin me matriculé.
Hice pasar un resguardo caducado de la Seguridad Social por mi Tarjeta Sanitaria Europea, las tasas de la uni por mi carné universitario de Granada, el cual perdí una vez en primero y nunca más lo volví a ver, y conseguí que una nueva amiga del alma, a la que previamente le había regalado, sin segundas, una originalísima granadita de plata, me firmara un cheque de 5 euros para pagar la matrícula.
Luego también me pidieron un papel, pero les dije que no había oído hablar de eso, que qué era, y que en Granada no se expedían esas cosas... xDDDD

Ayyyyy... Si esque, qué mala fama tenemos los españoles. Lo tuyo, es mío, y lo mío... También. Y a poco que te descuides, lo de aquél. Pero hombre... Esque pa' que me lo hagan a mí... A la saca y santas pascuas.

Asique... A fuerza de mano izquierda, y de hacerse una la lerda...
Ya tengo mi carnet universitario y ya puedo empezar a hacer papeleos varios, como normalizar mi residencia y hacer válida mi cuenta bancaria y mi seguro.

¿Dónde estará mi caja? Me mandó mi Sra. Madre una caja y aún no ha llegado. ¿Se habrá perdido? ¿Tendré que ir al cuartel de mosqueteros a buscarla? ¡Ah! ¡Correos infames! ¡Mi caja!
Lo cual me recuerda que me estoy leyendo a Alejandro en francés. Estoy aprendiendo palabras muy útiles para el día a día, como espada, o emboscada, o bálsamo.

Mi tobillo sigue teniendo una parte de los tendones dura, pero creo que está bastante mejor. Ya ha desaparecido casi todo lo negro y es casi tan hermoso como su compañero. Casi. Porque debido a las heridillas que me fize y al moreno parcial del verano está bicolor, de suerte que parece que sufro de despigmentación atípica, que no atópica.

No me pienso compar una escoba ni una fregona. La limpiadora me presta las suyas porque le guardo las estampitas del Carrefour pa' su niñio. Soy la envidia de mi piso. O lo sería, si alguien limpiase.

Me he comprado un cable de tender para hacer la colada en la habitación, lo malo, es que se consigue un clima tropical, y si no se airea, luego huele mucha peste. Creo que tendré que usar la secadora más adelante... Pero de la lavadora paso, que cuesta un riñón. Parece ser que aunque los franceses no se lavan, sí que se ocupan de sus trapitos. Bon Dieu...

Oh... Quiero unos zapatos. Estoy harta de ir en botas. Que sí, que son muy bonitas, pero ya está bien de parecer que acabo de volver de faire la promenade à cheval.
Lo malo de eso es que tengo unos gustos bastante clásicos, y aquí, lo clásico, es caro. Sobre todo en Vendôme. A ver si encuentro otro mercadillo como el que encontré en St. Sulpice, mientras hacía la ruta de A. Dumas... Oh, mi divina blazer...

He echado parte de la beca del CAF. Sólo me falta comprar sobre, sello, hacer unas fotocopias de mi carné y demás y mandarla. A ver si en esta semana hay suerte y pillo donde fotocopiar by the face, porque me parecen excesivos los 15 céntimos por hoja que me piden en la tienda. ¡Chorizos! ¡Ya se asfixien en su propio saín!

Parece ser que vamos a cenar todos juntos. Me he escaqueado de ir a comprar con la socorrida excusa de "tengo muchos deberes". Lo cual es cierto aunque no los esté haciendo.

Y ya está, voy a ver si ordeno un poco el cuarto, que está todo lleno de papelillos de publicidad del correo y no encuentro nada.

Besos y pechugazos.
A sus pies,
De La Fêre.