Y dice así...
Se me ha pasado tan rápido que ni me he dado cuenta.
Aquí estoy en mi cama, bebiéndome un té en mi taza gigante de Gales... (Sí, papá, ese "cubo gigante para remojarse los pies".) Y es contraproducente, señores, que luego cualquiera se duerme... Que este té sabrá a rayos, pero en cinco minutos se te ponen los ojos como a las brótolas...
Bah, hace frío. Me permito la licencia, ya lo sentiré después. O mañana.
Hará 4 horas escasas que volví de París. He ido a ver el ayuntamiento y el parlamento, que sólo abren una vez al año, parece ser.
Me he encontrado cosas mosqueteriles por todas partes, (¡Qué me place!) y retotollueces doradas por doquier que supuraban efluvios de lo que una vez fueron esos palacios... Suelos forrados en maderas nobles, cristaleras de bohemia cromadas con escudos heráldicos, entremezclados con los símbolos de los talleres de oficios de París, relojes de tiempos de Luis XIV (que aún funcionan), jarrones de Sèvres, vasijas rusas de tres metros... Y un boceto de AJDP, Cardenal de Richelieu, a quien he tenido el placer de reconocer con solo mirarlo. Ah, y una estatua de Colbert, que no me ha sonreído, pero porque no podía.
El Parlamento es bonito, mucho, se encuentra en el palacio de Luxemburgo, que está dentro de los jardines de Luxemburgo, muy cerca de la Calle Férou... Que te lleva a la Iglesia de St. Sulpice...
Lo único que no me ha gustado es que la madera está pintada imitando piedra. Aunque en su defensa he de decir que, por lo menos, la imita bien.
Todo muy bonito, todo muy bonito...
Hasta que he llegado a la plaza de la Bastilla.
Mi mente ya sabía que los franceses en la revolución (si, esa marabunta que sale en el cuadro de De la Croix, con esa mujer sin chales en los pechos) habían destruido la Prisión de la Bastilla, pero había decidido borrarlo. Apartarlo. Olvidarlo forever. La famosa "Toma de la Bastilla" ¿Qué es eso?
Ahora hay una tres mil veces maligna estatua de un ángel dorado sobre una columna donde antes estuvo la majestuosísima (aunque pequeña) fortaleza de ocho torres construida en la época de Carlos V.
Habrán dejado algo, dije yo, del sitio donde tuvieron al Príncipe de Condé... No. Un pequeño relicto de una de las torres, la de la Libertad, donde fue hospedado gentilmente el Marqués de Sade. Al lado del metro. Eso es todo.
Menos mal que el Castillo de If si que sigue en pie... ¡Bárbaros!
Por otra parte, quitando a ese ángel infame, la zona es bonita. Hay un montón de pubs y cafés, perfectos para una tarde de domingo con un libro debajo del brazo, o para tomarte una copa tranquilamente con tu amigo silencioso de turno. (Para el significado de "silencioso", véase, contrario a: "[...]un aragonés, antipático y zumbón que está en casa del Marqués de huésped, o de gorrón". Gentileza de Muñoz Seca.)
Que no hay que irse hasta Montmartre para disfrutar de un ambiente bohemio en un café... En realidad... Yo soy mas bien de la orilla izquierda del Sena.
Hoy... He descubierto que se pueden pasar pulverizadores antipersona por el parlamento si le sonríes al guarda para que no mire tan antentamente la pantalla.
Y que la mostaza de Dijon te puede hacer llorar a moco tendido.
Y que mi nevera tiene una rendijilla por donde se le escapa el frío (si Carnot levantara la cabeza...)
Ayer estuve en una fiesta en un barco. Nos dieron un paseo por el Sena de noche, y mientras cenábamos, vimos la Torre Eiffel iluminada y la verdadera estatua de la Libertad.
Un espectáculo:
Un barco repleto de extranjeros comiendo pasta y cous-cous, apretujados por el frío, maniobrando con cubiertos y platos de plástico, vestidos de bonito... Y todos allí, diciendo "oooooooooh" a la vez, al ver cómo encendían la Torre Eiffel.
Nos bebimos un par de botellas de champán que nos "regalaron". Y brindamos al pasar bajo los puentes.
Nos bebimos un par de botellas de champán que nos "regalaron". Y brindamos al pasar bajo los puentes.
Me voy de campo de geología. A Alemania. A algún sitio cerca de Frankfurt donde vamos a hacer prácticas de geofísica. Bon Dieu, ¡Quién me manda a mí meterme en camisas de once varas!
Tenemos que hacer una presentación oral al final del campo, pero es en inglés, en inglés... ¡Bendito inglés!
Père Lachaise. Cementerio. Precioso. Pero he visto ya tantos cementerios en Gran Bretaña que después de hora y media quería estrangular a Adrienn, mi amiga húngara, que parecía estar interesada en tomar fotos de todos los ángulos posibles de cada una de las piedras que componían cada una de las criptas.
Algunas de ellas llamaban la atención... (Cosas como "Aquí yace Fulano De La Fayette-Pérez"). Otras tenían carácteres chinos. Es la primera vez que veo la tumba de un chino. Parece ser que a los chinos ricos no los convierten en rollitos, sino que los entierran en Père Lachaise.
Encontramos un mercadillo al lado del cementerio. Me he comprado allí mi mochila de campo parisina (otra más que añadir al cupo de mochilas de campo) por diez euros. No está nada mal. Mochila quechua, de las grandes, marrón y negra (que no se le nota la mi**da). También me compré una chaqueta de pata de gallo por dos euros y una manta por un euro. Tengo que lavarlo todo muy bien, porque no se porqué me da que no son de primera mano... Claro, que de eso no se tiene porqué enterar nadie. Ah, también, otra edición de Dumas. Dos euros, pero me he sobornado la conciencia con aquello de "es por tu bien, para aprender francés" asique no me siento demasiado culpable. Además, era un bon marché...
Había cosas geniales allí, si hubiera podido me hubiese llevado el mercadillo entero. Sifones antiguos, fédoras Chanel (desafortunadamente, demasiado pequeños para mi cabeza), vasijas "etruscas", espadas árabes, y un largo etcétera de cosas curiosas en el que se incluyen ruecas, brújulas y costureros antiguos.
Adrienn y yo nos pintamos las uñas sentadas en el suelo.
Hoy, paseando cerca del Panteón me he encontrado por casualidad la casa donde vivió Diderot. Me he acordado del tratado de esgrima española que me regalaron mis padres unos años atrás.
Me dijeron "hemos estado en París". Ahora yo digo, estoy en París. Con mi blazer, con mi fular, con mi boina y con mi crêpe.
(¡Aunque lo cambiaría todo por una casaca, un chambergo y una ropera...!)
(Ah, y Vino de Anjou.)
Besos a todos...
De la Fêre
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